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Artículos sobre Ayuda Psicológica

  • 23 abr 2018
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 7 sept 2019


La mayoría de las sesiones agendadas para terapia con adolescentes tiene que ver con la necesidad y dificultad de los padres para poner límites y reglas; y por consecuencia cómo esta falta de límites se refleja en los problemas que presentan los chicos en la escuela, como en casa y en su vida personal.

¿Alguna vez te imaginaste que tu hijo de 3 años, una década después estuviera metido en situaciones de drogas, vida sexual activa, violencia, agresiones a sí mismo o a otros, problemas de autoestima, depresión, ansiedad, e incluso físicos? ¿Duro, no?

Podríamos pensar que es una manera cruda de ver las cosas e incluso negativa, pero es una realidad que los hijos cada vez a más temprana edad se ven expuestos a situaciones de riesgo y, de igual manera, pareciera que cada vez es más complicado protegerlos e involucrarse como padres a ese ritmo tan rápido en el que van aprendiendo.

El seguimiento de los límites en la adolescencia es un reflejo de los primeros años de vida en nuestra familia. A veces, nos olvidamos de lo importante que puede llegar a ser enseñarle a nuestro hijo de manera clara el porqué de las reglas cuando aún "es pequeño", sin embargo, la noción de las reglas puede adquirirse desde edades muy tempranas, a través de la vida cotidiana.

En otras ocasiones creemos que ellos no se dan cuenta de las incongruencias que tienen nuestras reglas y consecuencias, sin embargo, en la adolescencia, una edad en la que los seres humanos desarrollamos un pensamiento crítico, se hará saber todas las dudas e incongruencias de nuestro sistema disciplinar.

Es por eso que enlisto algunos consejos respecto a cómo podríamos llegar a poner límites con nuestros hijos adolescentes:

1. Establecer reglas que tengan sentido en el mundo real de nuestros hijos. Es decir, reglas que se puedan trasladar de casa a el mundo social, por ejemplo: respetar cuando alguien piensa diferente, tomarse algunos minutos para pensar si nos es difícil controlar nuestras emociones.

2. Establecer consecuencias que permitan la reflexión, autoevaluación y reparación. No es necesario implementar castigos conforme a lo que más les duele a los hijos (Xbox, salidas, tecnología), sino que cada obligación va ligada a un derecho y si lo tenemos claro es más fácil explicarlo y acompañarlo en el proceso. Por ejemplo: si ha dañado algún material en la escuela, deberá realizar alguna actividad en casa para pagar los daños. Siempre la consecuencia es pensando en su etapa de desarrollo.

3. Congruencia paterna. Es importante pensar si lo que le estamos pidiendo al adolescente no es algo que no estemos llevando a cabo nosotros como padres. Eso deja lugar a molestias personales, así como a que como padres perdamos credibilidad y peso en nuestra conducta o manera de decidir.

4. Escuchar al adolescente. A veces la mejor manera de saber cómo vamos es escuchando con paciencia las necesidades de nuestros hijos y acompañándolos a la incorporación del mundo adulto con amor y comprensión, permitiéndoles enfrentarse a la realidad, pero con nuestra compañía. Nunca será bueno minimizar una consecuencia natural de sus actos, ni al contrario, exagerarla.

5. Autocontrol emocional. A veces nosotros como padres somos los primeros en perder el control y en volver algo personal los errores de nuestros hijos, como si lo hicieran por molestar. Si nos sentimos así, tal vez sea necesario clarificar las emociones de por medio.


Como poner limites a un adolescente

El seguimiento de los límites en la adolescencia es un reflejo de los primeros años de vida en nuestra familia.

Actualizado: 7 sept 2019



Como entender a mi hijo adolescente

La distancia de generaciones entre padres y adolescentes, la diferencia de épocas en la que vivieron cada uno su adolescencia, los cambios en la tecnología, los nuevos estilos de vida, la etapa de desarollo... son algunas de las cosas que favorecen que la manera de expresarse de los padres y los hijos adolescentes sea totalmente diferente. Es mucho más abundante la información que existe y que está al acceso de los padres sobre cómo educar a hijos durante la infancia que durante la adolescencia y conforme pasa el tiempo es más complicado encontrar herramientas y consejería en la literatura al alcance de cualquier persona donde se pueda encontrar las respuestas a ¿cuál es la mejor manera de educar a mi hijo adolescente? Una de las principales característecas de ser adolescente es que nos encontramos en constante movimiento respecto a nuestra identidad, gustos, deseos y decisiones. Esto debido a que, buscar distintas maneras de ser nos permiten explorar y consolidar la identidad. Esto implica un cambio también para la paternidad, un cambio en el que los límites seran reforzados de una manera distinta a la infancia, así como la relación, los cuidados, la privacidad, los permisos, etcétera. Diremos que como padres tambien se iniciará una "adolescencia de la paternidad", donde se reestructurará la manera de responder a las conductas de los hijos adolescentes. Dentro de la complejidad y los cambios de esta etapa me atrevo a decir que existe una postura accesible a los padres adolescentes y que pueden facilitar la comunicación de una manera sorprendente en esta relación. Una postura donde:

1) Se EVITAR JUZGAR el pensamiento adolescente. Esto no es lo mismo que dar la razón o decir que todo lo que está haciendo está bien.

2) Cunado existe una ESCUCHA ACTIVA y sin juzgar, es más sencillo comprender los pensamientos de los hijos sin fusionarlos con los nuestros, y de esta manera, conocer los motivos de las acciones y reacciones del otro encintrándo así, el camino a una mejor comunicación entre padres a hijos sobre todo adolescentes.

3) Madurar nuestra paternidad a la siguente etapa, SER PADRES DE ADOLESCENTES. Comprender que no sólo son los hijos quienes viven un cambio y las dificultades en la paternidad tanbién involucran situaciones personales.

Esto aumentará en gran medida la relación, el seguimiento de reglas, el diálogo interno saludable, el autoconocimiento y el autoestima, tanto del adolescente como del padre.

  • 6 nov 2017
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 8 mar 2020


como hablar de la muerte con los niños

Hablar con los niños sobre la muerte, es uno de los temas que como padres tendemos a ocultar y evitar lo más posible ¿pero por qué?

Hablar sobre la muerte en general es un tema conflictivo incluso para nosotros como adultos pues está rodeado de misticismo, dudas, recuerdos dolorosos de pérdida o miedo.

Sin embargo, es importante aceptar que eventualmente nuestros hijos habrán de enfrentarse a experiencias de pérdida (de familiares, mascotas, etc.) y es necesario prepararnos para hablar con ellos de este tema.

  1. Antes de abordar el tema, analiza y piensa con claridad lo que deseas transmitirle a tu hijo. Cada uno de nosotros tiene creencias y explicaciones que forman parte de los valores y formas de entender nuestro entorno que queremos fomentar como familia. No tengas miedo de investigar, hablar con tu pareja, preguntar a un guía espiritual o profesional hasta que hayas formado un discurso claro y vinculado a tus creencias y valores familiares.

  2. No ocultes tus sentimientos. Ocultar nuestros sentimientos ante un momento de pérdida puede hacer que nuestro hijo sienta ansiedad además de que aprenderá a ocultar sus emociones cuando devenga una situación parecida. Indícale que es normal sentirnos tristes cuando muere alguien, pero coloca el acento en que es a través del amor y el apoyo de la familia que podemos sentirnos mejor y no olvidar aquello que nos ha enseñado aquel que ha muerto.

  3. Los que se van, siempre están en nuestra memoria. Uno de los temores más grandes para los niños es que aquel que muere desaparece o bien permanece junto a nosotros sin que lo podamos ver, es necesario, por lo tanto, aclararles que aquellos con los que convivimos forman recuerdos y lazos con nosotros que permanecen en nuestra memoria para siempre aún a pesar que físicamente no podamos verlo. A su vez, podemos utilizar elementos como rasgos físicos y vínculos sanguíneos para aclarar que aquel que parte está dentro de nosotros pues deja su herencia en nuestro interior tanto por sus recuerdos como por su herencia en los rasgos físicos o de carácter compartidos.

  4. Morir no es “como dormirse”. Uno de los errores más frecuentes al explicarles a los niños la muerte es realizar la similitud entre morir y quedarse dormido para no despertar. Esta metáfora puede generar muchísima angustia y generar fobia a dormirse o pesadillas. Es necesario aclarar que cuando morimos nuestro cuerpo descansa y se integra nuevamente a la tierra (ya sea porque nos reintegramos a la naturaleza cuando nos colocan en la tierra o se esparcen nuestras cenizas) y que, aunque nuestros seres queridos no pueden vernos, nuestra esencia permanece en nuestra familia y amigos.

  5. Familiares o conocidos con enfermedades terminales. Cuando nos encontramos ante la enfermedad grave o terminal de una persona cercana al niño es necesario explicarle los cuidados que debe de tenerse con ella y lo importante de compartir momentos para fortalecer el vínculo. Procuremos contestar sus dudas y, sobre todo, no dudar en que esto le generará angustia y prepararnos para brindarles todo nuestro amor y comprensión.

Asesórate y busca ayuda profesional. No esperes meses para llevar a tu hijo con un psicólogo o psicoterapeuta si presenta intensa ansiedad, pesadillas, no puede dormir, tiene miedo o pregunta de manera constante sobre la muerte, etc. Consulta con un especialista infantil o bien, busca asesoría con un profesional para que te oriente a cómo manejar el tema de forma más personalizada.


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