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Artículos sobre Ayuda Psicológica

  • 14 may 2019
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 7 sept 2019


Actualmente la depresión infantil puede llegar a ser un mito en una gran parte de nuestra sociedad mexicana, ya sea porque se piensa que los niños siempre están felices o que no tienen los mismos problemas que los adultos por lo que no deberían sufrir, que su única preocupación es jugar, que no se enteran de las problemáticas de los adultos, que aún no han vivido lo suficiente para experimentar depresión. Después vemos en las noticias que las cifras en depresión infantil han aumentado y que los intentos de suicidio también se presentan en la adolescencia y en la infancia.

Pero, ¿alguna vez te has preguntado si tu hijo pudiera estar viviendo algo así? ¿Cómo un padre, madre o maestro se puede dar cuenta?

En general, solemos pensar que una persona que tiene depresión se reduce a verse triste y sin motivación, y este tipo de paradigmas son un gran obstáculo para detectar cualquier otra sintomatología depresiva. Cada persona tiene distintas habilidades de afrontamiento, creencias y, por lo tanto, distintas maneras de manifestar la depresión; en la infancia ésto se vuelve aún más complicado porque pueden llegar a manifestar sintomatologías que coincidan más con otros padecimientos como el Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), una fobia, ansiedad generalizada e incluso una enfermedad física como un resfriado.

La depresión infantil se manifestará de distinta manera, dependiendo también de la etapa de desarrollo del niño. Es decir, en etapas de desarrollo tempranas donde se adquieren aprendizajes de autonomía como ir al baño y comer, no será lo mismo que un preadolescente donde comienza a tener aprendizajes sociales y éstos tienen un mayor peso. De igual manera, el desarrollo emocional es distinto en cada etapa y en la infancia aún se presentan ciertas dificultades para explicar o expresar emociones y sentimientos tan complejos como el adulto quisiera entenderlos.

Es importante también, identificar si existe en nosotros la idea de que si mi hijo estuviera deprimido podría deberse a un fracaso como su padre o madre, debido a que la culpabilidad que esto nos genera nos impide ver con mayor precisión las necesidades de nuestros hijos, al punto de resistirnos a reconocerlo como una manera de protegernos ante esos sentimientos, aunque no sean ciertos.

Una vez que te has decidido a investigar la situación, es recomendable que lleves a tu hijo con un especialista experto en evaluación de niños y adolescentes con este tipo de padecimientos, ya que, como veíamos, la depresión infantil es complicada de diagnosticar y únicamente con el entrenamiento adecuado se podrá dar el tratamiento acorde a eso.

¿Qué es alarmante para niños menores de 7 años? Ansiedad, irritabilidad, berrinches frecuentes, llanto y quejas de enfermedad constante, dejar de jugar, cansancio excesivo, dificultad para disfrutar de las cosas que antes le gustaban, hiperactividad, talla y peso bajo, retraso en el desarrollo motor o resago escolar.

¿Qué es alarmante para niños mayores de 7 años? Irritabilidad, agresividad, hiperactividad, apatía, tristeza, aburrimiento constante, culpabilidad, ideas de muerte, baja autoestima, falta de concentración, disminución del rendimiento escolar, fobias (especialmente escolar), problemas de conducta en la escuela, dolor de cabeza, dolor abdominal, problemas en el control de esfínteres (enuresis, ecopresis), talla y peso bajo, disminución o aumento de apetito.


  • 14 may 2019
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 7 sept 2019


¡Vaya pregunta! Pero es algo frecuente que los padres observen en otros niños conductas distintas a las de sus hijos. ¿Por qué sucede esto?, ¿cada niño tiene su tiempo y forma de madurar?, ¿es algo esperado?

Sucede frecuente porque como padres nos enfrentamos a cierta competitividad (influenciada por el entorno y por las propias expectativas que me impongo como padre) que tiendo a comparar a mi hijo con el desarrollo de otros. En momentos esta comparativa puede ayudar a tener un referente externo del desarrollo de un niño de cierta edad, e incluso en las escuelas surgen ciertos "requerimientos" de maduración para permitir que un niño ingrese o no a un plantel. Con esto se busca tener ciertos bordes sobre lo esperado y lo no esperado en los niños aunque existen ciertas escuelas que apresuran dicha maduración, aunque ese es un tema que da para otro momento.

Hablamos aquí de aquellos casos en los que mi hijo tiene ciertas conductas "inmaduras" que le impiden desenvolverse como un niño de su edad, que lo limitan en su interacción con otros niños o incluso que "regresa" a hacer cosas que antes no hacía y yo no sé por qué.


Decimos que "regresa" porque hablando de la infancia esta es una forma de protegerse muy común. No es algo que los niños planeen para hacerle la vida imposible a los padres, es un mecanismo de defensa en el que ante situaciones que les parecen difíciles de afrontar los niños suelen volver a etapas anteriores donde tenían más cerca a sus padres. Como si de una forma interna el niño buscara más cercanía de los adultos a su alrededor para poder afrontar dicha situación complicada. Por ejemplo, nos podemos topar con niños que ya articulaban frases al hablar pero que ante el nacimiento de un hermanito vuelven a hablar como bebés, o quienes podían hacer ciertas actividades solos como recoger sus juguetes o su plato después de comer pero que ante algún cambio drástico en casa se vuelven más "berrinchudos" como lo eran tiempo atrás. Esto sucede precisamente por dichos cambios y más si no hubo una preparación adecuada para los mismos.

Otros ejemplos de conductas de este tipo que podemos ver en casa son las siguientes:

  • Orinarse en la cama

  • Defecar en los pantalones o cualquier lugar fuera del baño

  • Dejar de hablar

  • Volver a chuparse el dedo

  • Pedir que se tome en biberón de nuevo

  • Querer regresar a dormir en cama de los padres

¿Qué otras situaciones pueden desencadenarlo?

  • Muerte de algún familiar cercano (padres, hermanos, abuelos),

  • Separación o divorcio de los padres

  • Cambio de escuela o casa

  • El nacimiento de un nuevo hermanito (a)

  • Algún desastre natural que puede ser vivido como traumático.

  • Conflictos en la dinámica familiar o escolar

El que sucedan estas situaciones en los niños de manera frecuente no quiere decir que deban de dejarse pasar, en muchas de las situaciones puede ser el inicio de una bola de nieve que podría ir creciendo, además que estas situaciones señalan una problemática emocional en los niños en donde es necesaria una intervención.

Éste es uno de los motivos principales de consulta en niños, los padres se pueden encontrar cansados de esta situación que han intentado de todo para que las cosas cambien sin lograr el objetivo. Lo más indicado es abrir al diálogo con un terapeuta especializado en el trabajo infantil para encontrar las recomendaciones más adecuadas para trabajar en casa su mi hijo, y en consulta el poder acompañar al infante en este afrontamiento que se le presenta.

  • 9 jul 2018
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 6 sept 2023


Una situación muy común en los padres que se separan es el miedo de destruir a los hijos durante el proceso de divorcio o separación.

Las fantasías alrededor de este fenómeno van desde que los hijos serán señalados por sus amigos, que perderán el rol masculino o femenino, que estarán resentidos con alguno de los padres (o ambos), la ilusión de formar una familia será destruida, que son los únicos afectados, etcétera. Además, la angustia de criar a un hijo en solitario, las adecuaciones económicas que surjan, el proceso legal de custodia, los sentimientos de culpa y las circunstancias particulares del caso, se suman a la realidad del divorcio. Muchas de estas ideas pueden terminar siendo una realidad y es por eso que es tan importante prestar especial atención a nuestra manera de proceder al respecto para poder ayudar a cada uno de nuestros hijos a elaborar la situación según su propia subjetividad.

En primer lugar, no se puede hacer a un lado el proceso personal de adaptación a la nueva etapa, el cual será distinto para cada persona, debido a que el divorcio se puede presentar en distintos momentos del proceso de ruptura, es decir, habrá quienes aún no lo hayan asimilado y habrá quienes ya tengan claro el porqué de la separación. Habrá quienes necesiten hablar más y quienes prefieran no compartirlo con terceros. Mientras más confusa sea la situación para uno mismo, más complicado será hablarlo con los hijos de una manera receptiva a sus necesidades. Por eso es importante darnos la oportunidad de pensarlo y vivirlo, para poder reconocer los momentos en los que necesitemos ayuda.

Una vez que como padre pueda comprender cómo se está afrontando la situación será más sencillo entender que, aunque no sea tan sencillo para los hijos comprender las razones, ellos entienden lo que ha ocurrido y que esto representa cambios en su vida. Es importante que ambos padres hablen con el hijo y que la historia que se comparta con ellos 1) sea una historia que coincida por ambas versiones y 2) no se mezcle con emociones de pareja respecto a la ruptura. Es importante no mentir debido a que esto aumenta la angustia en el hijo.

Por último, es importante ser sensibles a las necesidades reales de cada uno de los hijos, sus preocupaciones principales giran en torno al miedo de perder a alguno de sus padres y sentirse responsables de la separación. Cada hijo puede reaccionar de manera distinta y comprender lo que lleva al hijo a sentirse y reaccionar de esa manera puede hacer la diferencia para brindarle la ayuda necesaria.

Cada una de estas recomendaciones son muy generales y permiten tener una guía que oriente a los padres a poner atención a los factores que pueden llegar a afectar a los niños de una manera más significativa, para así poder tomar decisiones más conscientes al respecto. Es importante también, reconocer cuando la situación nos está rebasando y necesitamos orientación profesional al respecto.

No esperes a que pase mucho tiempo, si tienes alguna inquietud respecto a cómo esto está afectando a tus hijos acude a una sesión de valoración, no le hace daño a nadie.


La historia de los padres es la realidad de los hijos.
Como explicar el divorcio a los niños

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